Nos encontramos en un escenario desafiante: más de la mitad de los niños y adolescentes

de nuestro país son pobres. El acceso a los alimentos se plantea como una realidad

limitante en entornos recesivos que acentúan las carencias de las familias y, por ende, la

calidad de la alimentación. La edad pediátrica representa una etapa de mayor

vulnerabilidad donde el impacto de la limitación de nutrientes puede afectar su desarrollo.

En este contexto, diseñamos este curso para llevar a la práctica la evidencia y los

determinantes de la situación socioeconómica a la alimentación cotidiana de niños y

adolescentes, poniendo el foco en la importancia de hábitos familiares de consumo. Está

dirigido a todos aquellos que desde su trabajo habitual pueden generar una ventana de

oportunidad en la alimentación y nutrición de la población.